jueves, 10 de abril de 2014

EDUCAR CON CUENTOS: EL AGRADECIMIENTO Y EL RESPETO

Siguiendo la metodología descrita en PROGRAMA DE EDUCACIÓN EN VALORES A TRAVÉS DE CUENTOS os proponemos el tema del agradecimiento y el respeto.


Podríamos definir el agradecimiento como la capacidad de valorar y mostrar agrado por todo lo que recibimos de otras personas, sus servicios, ayudas, cuidados…
Ser agradecidos supone un cierto grado de sensibilidad, la cual nos permite captar, “sentir” esa innumerable cantidad de beneficios y atenciones de las que somos objeto por parte de otros. Realmente recibimos de los demás mucho más de lo que pensamos.

El agradecimiento ayuda mucho a la buena convivencia, pues una persona agradecida  “cae” bien,  predispone a tratarla bien, mientras que la exigente o desagradecida produce antipatía y hasta  un insano deseo de pagar con la misma moneda. Una sencilla manera de contribuir  a que la sociedad no sea tan fría y distante, es aumentar las muestras de agradecimiento.


Agradecimiento en el hogar:

“Gracias papá, gracias mamá”… ¡Qué bien nos sientan estas palabras cuando las oímos! Parece que son como un bálsamo que alivia las “heridas”  producidas por el esfuerzo y la lucha de esta labor de ser padres y madres. Todas nuestras fatigas han merecido la pena.

Ciertamente el instinto de paternidad y maternidad es admirable, no  mide ni regatea esfuerzos a la hora de alimentarlos, cuidarlos y formarlos. A pesar de ello, cuando crecen y tienen edad de comprender y valorar, deseamos que se den cuenta de todo lo que han recibido; no tanto por nosotros, sino por ellos, porque ser desagradecidos, creerse con todos los derechos y que todo nos parezca poco, no adorna a nadie.

Ocurre que para ser  agradecidos, al igual que con otros valores, es necesario trabajar la sensibilidad. Mientras que unas manos sensibles tocan y perciben con precisión la textura de las cosas, unas manos encallecidas pierden esta capacidad. Aunque parezca mentira, también las personas pueden llegar a “encallecerse” y perder la capacidad de valorar y agradecer lo que se recibe de los demás, si no hacemos nada al respecto. Recordemos que los niños crecen hoy en una sociedad cómoda, donde, si nos descuidamos, reciben demasiado y apenas tienen que aportar (en muchas ocasiones, nos conformamos con el estudio…  si se le puede llamar estudio). Esto puede llegar a formarles la convicción de que tienen derecho a todo lo que se les da (y cada vez más) mientras que el aportar es ya una cuestión de gustos, de su inclinación o ganas… no hay obligación.


¿Qué podríamos hacer?

Se nos ocurren varias cosas.

Una, importantísima, es “que oigan” hablar de este valor, para que sepan que existe. Y como toda buena lección, junto a la teoría va el ejemplo que aclara todas las dudas. Si nosotros, padres y madres, somos agradecidos, nuestros hijos lo podrán ver e imitar; podríamos compararlo con el inglés, que se aprende mejor con unos padres ingleses que  con todas las academias del mundo juntas. Sería el momento de hacernos esta reflexión: ¿somos agradecidos? Quizás también nosotros podríamos aumentar nuestro nivel.

Desde el típico enseñarle de pequeñitos a decir gracias cuando reciben algo de alguien, a otras muchas cosas como que oigan agradecer y valorar la comida, el tiempo y esfuerzo que lleva prepararla; que oigan lo agradecidos que estamos del orden que han dejado en su habitación, de su colaboración en casa; que oigan cómo valoramos los aspectos positivos de sus profesores, que indudablemente tienen, y cuánto admiramos su labor tan meritoria, su esfuerzo, interés, tiempo y responsabilidad… en algunos a niveles inverosímiles… A fin de cuentas todos somos lo que somos gracias, entre otros, a los profesores que hemos tenido en nuestra vida y que han construido una pequeña etapa de nuestra formación.

Que oigan cómo agradecemos a los vecinos o amigos los favores recibidos y cómo estamos dispuestos a devolverles los favores como muestra de agradecimiento.

Han de oír de nosotros muchas cosas positivas de los demás y pocas negativas, pues es de justicia y objetivamente real. A nuestro alrededor existe un amplio paisaje de cosas positivas, si lo sabemos y queremos ver ¿vamos a detenernos justo en las desagradables?

Pero lo más valioso y lo que más bien les hace es que oigan de labios de mamá cosas bonitas de papá, y viceversa, que oigan de labios de papá cosas bonitas de mamá. Que oigan agradecernos el uno al otro lo que aporta el otro, lo que ayuda, sus cualidades, sus capacidades, sus atenciones… Que lo oigan, y que lo oigan con calor. Esto hace mucho bien a los hijos… y a los padres. Cuando nos sentimos valorados, nos sentimos bien. Además se ancla el deseo de no defraudar al que confía, espera y agradece nuestra labor, nuestra actuación. También nos ayuda a mirar con aprecio al que me agradece, así como miramos con más afecto al que decimos gracias; todos estos sentimientos aumentan la unión.

Que nos oigan, que nos oigan… ¡Realmente les contagiaremos ese sentir! Y serán positivos, sensibles y agradecidos.

Otra cosa que podríamos hacer es “actuar”. Los niños se hacen idea de la importancia de las cosas según sean nuestras reacciones. Por ejemplo, si ante una contestación maleducada no hacemos nada, deducen que no es muy grave lo que han hecho. Si rompen una figurita de porcelana y nos enfadamos mucho pensarán que es gravísimo (cuando en realidad puede haber sido un accidente  sin mucha culpa).

Si queremos hacer comprender lo importante que es valorar o agradecer, hemos de estar atentos. A lo mejor un día,  un niño de la clase que cumple años regala un detallito a todos. Resulta que ante aquel obsequio en vez de agradecerlo, se pone a protestar porque lo quería de otro color. Si esto ocurre por primera vez, hemos de explicarle que a todo hay que decir gracias sea lo que sea, porque el regalito es precioso (aunque a él no le guste; eso es problema suyo) y a fin de cuentas su compañero se lo regala con toda su ilusión y generosidad y se pondrá triste con su contestación. Pero si esto ocurre por segunda vez, le diremos que como no le gusta nos lo quedaremos nosotros para alguna ocasión que haga falta. Y no se lo daremos. De esta manera aprenderá a valorar, agradecer y pensar antes de hablar, y no dejaremos que crezca en él esa mala costumbre de exigir con menosprecio.

Esto puede aplicarse, siempre con serenidad y cariño, en muchas circunstancias y edades. Si no empezamos pronto, ¿qué ocurrirá en la adolescencia y juventud?


El agradecimiento “al instante” y el agradecimiento “a la larga”

El agradecimiento al instante, que acabamos de comentar, a pesar de todo, no suele faltar. Socialmente es considerado como un acto básico de educación.
Estamos prontos a dar las gracias y enseñarlo así a nuestros hijos cuando somos objeto de una atención u obsequio, cuando nos preguntan y se interesan por nosotros o cuando recibimos un servicio…. Sin embargo, el agradecimiento “a la larga”  es mucho más valioso y desgraciadamente no es considerado como  tan elemental y necesario. Sería un “tener memoria” de todos los detalles y beneficios recibidos de una determinada persona, aunque sea a bulto, y por ellos deberles una muestra de nuestra amistad, que se ha ganado a pulso, cuando llegue el momento preciso. Dice el refrán: “Los amigos se muestran en las ocasiones”. Eso es ser verdaderamente agradecidos.

Puede ocurrir  alguna vez que recibamos, por parte de un amigo o ser querido, unas palabras hirientes (incluso profundamente hirientes) o fuera de tono, o quizás una actuación poco adecuada, un olvido o desprecio… Antes de tirar por tierra esta amistad o relación, hemos de poner en práctica este agradecimiento “a la larga”. Hacer memoria de la cantidad de momentos compartidos, el apoyo, la ayuda… y mostrar que lo valoramos sabiendo, al menos, esperar. El agradecido está más pronto a la escucha que al rechazo y la venganza; da una nueva oportunidad, se pone en el lugar del otro e intenta comprender las razones de aquella actuación. Da oportunidad a un diálogo sincero, se muestra amigo y sea cual sea el resultado final de la conversación, es respetuoso y correcto pues no es justo olvidar en un instante tantos bienes recibidos.
Seamos agradecidos con todos y ganaremos en calidad humana.

Hablar con respeto

La primera muestra de agradecimiento de unos hijos  hacia sus padres es la de hablarles y tratarles con respeto. Los padres nos desvivimos por los hijos, y la cantidad de atenciones que les proporcionamos son incontables (o así ha de ser), bien lo sabemos. Desde su nacimiento hasta ahora ¡cuántos desvelos por la alimentación, salud, educación, por proporcionarles todo lo necesario en todo orden de cosas: ropa, actividades y tiempo libre.. también todo el apoyo, cariño y acompañamiento posible! 

No es que los padres queramos que nos lo agradezcan porque valoren nuestro esfuerzo, no. Lo queremos porque si son desagradecidos dejan mucho de desear como personas.

Por su bien y desde pequeñitos, hemos de enderezar la mala costumbre de hablar sin respeto. Siempre hemos de hablar con respeto, pero a unos padres o a personas a las que debemos tanto es la mejor y más justa manera de expresar nuestro reconocimiento y gratitud.

Nada de reirles las malas contestaciones con frases como: "Este llegará lejos en la vida..." o "a éste no le puede nadie..."

Convendrá recordarles: "Así, cariño, no se habla. Anda, dímelo bien". Y que lo repitan con el tono y forma debido. Nunca darles lo que piden cuando sea con exigencia o mala educación. Sería un gran error, ya que creerán que esta es la manera de conseguir las cosas  e incluso les motivará ponerse más agresivos si fuera preciso, cuando a la primera se les negó algo.

No nos preocupemos si lloran y molestan, nosotros con serenidad y hasta con una sonrisa sigamos haciendo lo que estuviéramos haciendo. Les diremos una vez: "No te preocupes, hijo,que te ayudaré o te atenderé cuando lo digas bien; te vas serenando y pensando... mientras sigo trabajando ¿vale?" Tampoco hará falta que lo repitamos más veces.

No nos extrañemos que el lloro continúe largo rato. Importa nuestro dominio y paciencia, con los días nos irán cogiendo el estilo y poco a poco irán entrando. Algunos antes, otros (según temperamento) después, pero al final (aunque sean meses o más...) entrarán. 
Si consentimos la falta de respeto en casa, estamos perdidos, de mayores no podremos con ellos y entra en juego su formación y su futuro. Hasta el nuestro.

Indudablemente, debemos repasar como anda en nosotros el respeto cuando hablamos. Esta es la mejor lección. No la despreciemos. El respeto es básico a todos los niveles: en la familia, en el trabajo, en la sociedad y a nivel mundial. El respeto es la base de la paz.

JUEGO MOTIVACIÓN: LOS GENIOS AGRADECIDOS

Nuestros hijos se van a convertir en unos “genios” de esos que salen de las lámparas maravillosas y están dispuestos a cumplir nuestros deseos, en  agradecimiento a haberles sacado de su pequeña lámpara. Nos pueden conceder un pequeño deseo por día. En realidad, unos días pueden ser ellos los genios, y otros podemos ser nosotros, porque nosotros también tenemos que agradecerles muchas cosas que hacen bien.

 Estos detalles de agradecimiento los vamos a escribir en las solapas del popular juego come-coco, que se hace doblando un cuadrado de papel. Si lo hacéis con un pliego de cartulina grande les hará mucha gracia. Podemos escribir en negro los detalles que queremos que nos hagan ellos y en rojo los que ellos quieren que les hagamos nosotros.

 Pintamos las solapas de colores. Cada día nos pedirán que digamos un número, harán mover el come-coco tantas veces como indica el número que hayamos dicho y a continuación escogeremos un color. Levantarán la solapita y leerán nuestro deseo ( o nosotros el suyo).
Ejemplos de deseos que nos gustaría recibir nosotros pueden ser: ordenar su habitación, decir gracias por la comida, sentarse pronto a estudiar cuando se le recuerde, preguntarle a papá o mamá cómo le ha ido la mañana, jugar tranquilos con su hemano(s)…   Como los conocemos, sabemos que les vendrá bien.
Detalles que podemos hacerles nosotros: jugar a una partida de cartas o de parchís, hacer un pastel juntos, leerles algún cuento, hacerles un día la cama para que "libren"...
Todo debe ser porque estamos agradecidos unos de otros, porque, en el fondo, siempre recibimos mucho de los demás.





HISTORIA DE LA PRIMERA SEMANA: PRECIO POR CADA TAREA

David era un niño de doce años que tenía una hermanita, Sara, que acababa de cumplir cuatro.
La quería mucho, pues había deseado enormemente tener un hermanito o hermanita hasta que nació ella y además resultó ser una niña muy agradable y cariñosa.
Un día los padres de David se vieron obligados a ausentarse un sábado porque los abuelos habían tenido un grave percance y tenían que atenderlos. Por más que pensaron con quién dejar a los niños, no encontraron a nadie. Viendo la urgencia del caso, que David era mayorcito, y que ambos niños eran responsables y sensatos, los padres decidieron marchar dejándolos solos.
-David- le dijeron- al final tendréis que quedaros solos hasta las cinco. Cuida mucho a Sara y portaos bien, sabemos que eres responsable  y nos fiamos de ti. Te dejaremos una hoja con un horario para que estéis ocupados.

Y así se fueron. David cogió la hoja y leyó el horario; había tiempo para todo: rato de estudio, rato de descanso, rato de trabajo, rato de juego… con todas las explicaciones para atender a su hermanita.
Cuando llegaron los padres se alegraron mucho de que todo estuviera en orden y de que David hubiera cuidado muy bien a Sara, con lo cual felicitaron mucho a los niños. Pero cuando los padres fueron a acostarse esa noche, vieron una carta que David les había dejado bajo la almohada. Decía así:
 
Queridos padres:
por haber hecho la cama de Sara   …0.50 €
                         mi cama               …0.50€
por haberle dado de comer a Sara  …0.50€
por haber barrido   la casa              …0.50€
por haber hecho los deberes           …0.50€
            …..
    total        5€

Los padres sintieron una profunda desilusión y tristeza al leerla. Se miraron en silencio y se acostaron, sin apenas articular palabra.
Al día siguiente, el padre entró en la habitación de David con toda naturalidad, para despertarle. David lo miró con cara de incertidumbre y hasta con un poco de apuro. De hecho no se había atrevido a darles la carta personalmente, pero, oye… ¡había hecho muchas cosas y se lo merecía!
Su padre le dijo: “David, mira debajo de tu almohada algo que  mamá y yo te hemos dejado …”  y salió de la habitación. David encontró un sobre, lo abrió con prisas y encontró… 5€  y… una cartita de papá y mamá.
-¿Qué será? – pensó el niño, y leyó:

Queridísimo hijo:
            Por haberte dado la vida… 0€
            Por las noches pasadas en vela para amamantarte y consolarte …0€
            Por cuidarte con cariño, alimentarte y procurarte vestido… 0€
            Por leerte cuentos, por ayudarte a los deberes …0€
            Por jugar al fútbol contigo                                …0€
            …
                                                                       Total …0€
            Te queremos mucho: papá y mamá.

Cuando David leyó la carta, le brotaron lágrimas en los ojos y se sintió profundamente avergonzado. Fue a la cocina, abrazó a sus padres y les pidió perdón por esperar dinero de cosas que se han de hacer sin medida, generosamente y por amor.


HISTORIA DE LA SEGUNDA SEMANA: EL PLATO DE MADERA

Ocurrió en una casa donde vivía una familia formada por un matrimonio, un hijo y el abuelo paterno. El abuelo era muy mayor. Después de haber pasado toda una vida trabajando duramente en el campo, de sol a sol, por ofrecer a sus hijos lo mejor, ahora le temblaban mucho las manos y aunque quería evitarlo, era imposible. Lo peor era a la hora de comer, pues se le caía la comida de la cuchara y se manchaba sin remedio. En varias ocasiones se le cayó el plato  rompiéndose éste y manchando el suelo. Ante este panorama, su hijo y la nuera se enfadaban y le reprochaban, hasta que tomaron la decisión de hacerle un plato de madera y llevarlo a comer aparte, en el patio, donde no hubiera tanto problema de ensuciar. Allí, el pobre anciano comía como podía, notando muchas veces cómo se le deslizaba la sopa por la barbilla y sobre todo la humillación.
Un día, cuando el padre de familia llegó de trabajar del campo, encontró a su hijito tallando una madera.
-¿Qué  haces, hijo, con esa navaja tallando un trozo de madera?
-Mira papá- le dijo con inocencia y como quien ha tenido una buena idea- estoy tallando un plato de madera para ti, para cuando seas tan viejecito que te tiemblen las manos y tengas que comer fuera.
Fue entonces cuando el padre se dio cuenta de su actitud desagradecida y arrogante. Esa misma noche hizo pasar al abuelo, le sentó a la mesa y con sus propias manos le llevó la cuchara a la boca, le limpió suavemente la barbilla porque comprendió que era el momento de devolverle toda la atención que en su vida había recibido de él.
(Cuento popular)


HISTORIA DE LA TERCERA SEMANA: SOLO POR UNA COSITA NO VOY A OLVIDAR

En la clase de Alberto había 22 niños. Se llevaban bien, bueno…  había alguna que otra peleilla  de vez en cuando, pero dentro de lo normal. Alberto había llegado hacía dos años al colegio, y pronto estuvo muy integrado. En el recreo hacían partidos de fútbol y él solía jugar en el mismo equipo que su mejor amigo, Sergio, con el que tenía gran afinidad.
Un día, en uno de esos partidos, otro compañero, Carlos, que jugaba en el equipo contrario, cayó por tierra justo cuando tenía casi un gol metido, a dos minutos de fin de partido. ¡Qué coraje le entró! pues podía haber hecho ganar a su equipo. Quizás por este mal humor, cuando llegó a la fila para subir a la clase y se topó con Alberto, que llevaba una gorra, le empujó para que subiera más rápido, le insultó y le quitó la gorra arrojándosela lejos.
Sergio salió en defensa de su amigo Alberto, pero Carlos desapareció escaleras arriba. Sergio le dijo entonces a Alberto:
            - Es un tonto, yo de ti no le volvía a dirigir la palabra.
Pero Alberto no dijo nada.
Al día siguiente, al llegar la hora del recreo y de escoger equipo, le tocó a Alberto pedir. Después de dos elecciones escogió también a Carlos. Sergio se acercó a Alberto y le dijo:
-¿estás loco?
Entonces Alberto respondió:
-oye Sergio, Carlos es muy buen jugador; además le aprecio mucho porque el primer día que llegué a este colegio tú no sabes el miedo que yo tenía, pues era un novato y todos se conocían. Carlos ese día se me acercó, me enseñó todo el cole  e hizo que ya me metiera en un equipo a jugar. Se lo agradecí de corazón y volví a casa mucho más tranquilo.  Ayer él estaba disgustado por lo del gol; chico, sólo por una cosita que me ha hecho no voy a olvidar aquel favor que me hizo ¿no crees?
Sergio hizo un gesto con la cabeza, como diciendo: bueno, vale… y jugaron estupendamente aquella mañana.


HISTORIA DE LA CUARTA SEMANA: QUIERO OTRA MAMA
(Recomendado para el día de la madre)

Había una vez una chica, Carolina, ya adolescente, que se quejaba continuamente de su madre.
- Desde luego- decía – que suerte tiene mi amiga Alicia que su madre le deja ir donde quiere y hasta la hora que quiere.
Otro día era: pero ¿para qué me haces estudiar esta tarde, si todavía falta mucho para los exámenes? ¡ay, mamá, qué aburrida eres!
O si pasaban delante de un escaparate: mamá ¿cómo dices que no me hace falta otra camiseta, si Marisa tiene por lo menos doce?
Y así, día tras día. Sufría ella y hacía sufrir a sus padres, claro.

Un día por la noche tuvo un curioso sueño. Resultaba que al ir por la calle, vio una tienda con un rótulo que jamás antes había leído: “TIENDA DE MADRES”. El escaparate mostraba grandes carteles: ¡¡Grandes ofertas!! , ¡Aproveche la ocasión y cambie de madre!
Aquello pedía entrar aunque fuera por curiosidad. El interior era amplio, iluminado y agradablemente decorado. En las paredes había infinidad de cajones, cada uno con un título. La tienda estaba llena de chicos y chicas, todos muy ajetreados abriendo y cerrando los archivadores, leyendo la ficha técnica donde se explicaban ampliamente las características de cada modelo de madre.
Carolina también se acercó a los cajones y empezó a curiosear: Madre artista, Madre protectora, Madre rica… Abrió uno que decía:

 Madre Deportista. Bueno… podría ser interesante, a fin de cuentas a Carolina le gustaba mucho el baloncesto. Leyó:
            “Le gusta mucho el deporte y le preocupa mucho estar en forma y cuidar la dieta, por ello intenta que toda su familia coma mucha verdura y fruta y rechaza chuches y dulces.
No sé… ¿ya no podría comer las tartas y bizcochos que su madre le ponía todos los domingos? ¡y como me ponga espinacas con frecuencia…!
            Se levanta muy temprano y va a hacer footing, siempre intenta, como buena madre, ir con alguno de sus hijos…
¡uy, que pereza, a mí que no me lo pida los domingos!
            Lo que no perdona nunca son las caminatas de los sábados por la tarde con sus amigas, porque caminar es de suma importancia para tener un corazón joven y fuerte”
Entonces, ¿ya no tendría los juegos de sobremesa con toda la familia? ¡para una cosa buena que hacemos en casa!..Mira, mejor dejo esta madre…

Luego vio otro título atrayente: Madre belleza
 Puede estar interesante, la verdad que la madre de Begoña es guapísima y todos aplauden lo que dice o hace, incluso cuando critica a alguien. Hasta viste ser amiga de Begoña…

            “Es una madre que causa admiración. Tiene una bonita cara y un tipo envidiable. Para ello gasta considerablemente en productos de belleza, ropas y complementos que son de elevado precio. Por supuesto mantenerse bella tiene un coste.
Vaya, pues si gasta tanto, adiós a mis camisetas de antojo… lo mismo me recortaría más…
            Tener esa imagen lleva también mucho tiempo en arreglarse, maquillarse, lavarse el pelo…
Hum… lo mismo voy al baño y está siempre ocupado…
            Por supuesto se mira mucho en el espejo y puede engreírse con facilidad.
¡Con lo que me fastidia a mí que no me miren cuando quiero decir algo a alguien! Ya me la imagino respondiéndome ausente sin retirar la mirada del espejo… nada, nada, no me convence...  otra

Madre marchosa:
Le gusta la marcha y salir todos los fines de semana, incluso hasta altas horas de la noche…
Ésta seguramente está bien, porque si ella sale, no verá mal que yo también  lo haga…yupiii
… como consecuencia se levanta los sábados y domingos sobre las 11:00 ó 12:00…
¡uy!¿quién me llevará a mí a los partidos? Lo mismo se enfada el entrenador y me deja sin jugar...
… como le queda la mañana corta compra cualquier cosa para comer…
¡cualquier cosa!¡cualquier cosa! Lo mismo nunca hace las croquetas que hace la mía, que son mi comida preferida… ¡ni hablar!… fuera esta madre…

Y así fue leyendo: Madre permisiva, Madre empalagosa, Madre lectora… Madre en su punto…
¿Madre en su punto? ¿Qué querrá decir? Voy a ver que pone.

Madre en su punto:
Es una madre que quiere muchísimo a sus hijos, por ello busca siempre el bien de ellos, aunque tenga que renunciar a algo...
Bueno, eso en realidad es lo que tiene que hacer una madre…
…por ello les enseña a realizar tareas domésticas, y aguanta las quejas y malas caras con paciencia aunque preferiría hacerlo ella misma. Le anima pensar que el día de mañana estarán preparados para llevar con soltura cualquier tipo de situaciones.
…no creo yo que haga falta tanto, pero en fin, aunque sea exagerada por lo menos tiene buena voluntad…
Lo mismo ocurre con los deberes y estudios, siempre a punto para animar, proponer, ampliar, apoyar en las dificultades…
Esta madre parece muy exigente; lo del estudio es un rollo, pero la verdad es que cuando me atasco siento un gran alivio cuando me lo explican y logro acabar los deberes…
Juega con ellos, los lleva al parque, con bicis…
Eso al menos está muy bien, si señor, jugar, claro que sí… Bueno, pues… pese a las limitaciones creo que ésta puede considerarse una buena madre;  creo que ésta es la mejor que he visto.

Fue al mostrador con la ficha del modelo y la solicitó.
-Ahora mismo, señorita- dijo el vendedor amablemente.
Atravesó las cortinas de la trastienda y apareció con una madre sonriente, con los brazos abiertos.
Carolina sintió un vuelco de alegría  en su corazón. Era su madre.
-¡Mamá!- dijo emocionada, mientras se abrazaba a ella- ¡Te necesito! 


martes, 11 de marzo de 2014

EDUCAR LA PUNTUALIDAD Y LA ORGANIZACIÓN DEL TIEMPO


LA PUNTUALIDAD:

Esta cualidad parece pequeña, pero es importante para la vida diaria y para cualquier tipo de convivencia con los demás, ya que la puntualidad es la que posibilita la coordinación de las actividades de los distintos miembros de la sociedad. Ser puntual significa, por ello, ser responsable, así como respetuoso y considerado con el tiempo de las demás personas. Si remarcamos este último aspecto, podemos hacer que la puntualidad no resulte  una consecuencia fría  de nuestra sociedad, marcada por un reloj, sino que la convertimos en un valor que posibilita el encuentro con las otras personas, considerándolas tan importantes que no debo hacerlas esperar.

La falta de puntualidad puede tener distintas causas: falta de organización, ligada frecuentemente a pretender realizar más de lo que se puede en un tiempo dado o a haber empezado tarde una actividad; falta de dominio para cortar con la actividad en curso y también, aunque sea inconsciente, un cierto grado de egoísmo que me hace considerar mis tareas o actividades más importantes que las del otro, que puede esperar.

En el mundo que nos toca vivir, nos guste o no, no nos queda más remedio que usar un buen reloj y vivir con un horario, a veces, bastante apretado. Nuestros hijos heredarán esta sociedad. Por ello sería una buena costumbre poner la puntualidad como una de las bases de nuestra vida. Si queremos que los niños la aprendan, y sin estrés, hemos de vivir en casa de manera que la facilitemos:

-Calculemos el tiempo necesario para llegar puntuales, seamos realistas: calculemos tiempo de  niño, no de adultos, a veces pedimos imposibles. Apremiar luego sería injusto y contraproducente.

- No nos distraigamos (los padres) con cualquier curiosidad o antojo que no proceda en ese momento, seguro que luego nos tocará correr y ponernos nerviosos. Sin embargo, nos sienta fatal sorprenderles a ellos jugueteando cuando es hora de espabilar (y eso que son niños).

-Pensar que la cantidad de actividad correcta que debemos pretender es aquella que me permite hacerlas todas bien y con tranquilidad. Las personas somos personas (¡qué bonito!), no máquinas ¿para qué queremos hacer más? ¿lo habéis pensado alguna vez?  El rendimiento máximo que hemos de buscar para nuestra realización  será incorrecto y altamente dañino si “excedemos los límites de velocidad”.

Algunas ideas para salir puntuales para ir al cole:

 -Acostarse pronto. Si queremos que se levanten descansados y algo “más ligeros”, debemos asegurar que no les falten las horas de sueño conveniente. Un niño de 10 años aún debe dormir 10 horas; con 12 años, 9 horas.

 -  Si son niños problemáticos en este punto, levantarse calculando el tiempo necesario y 10 minutos más. Cuando son muy pequeños estos 10 minutos pueden servirnos para cuando se han puesto muy rebeldes y se niegan a vestirse o desayunar, entonces podemos hacer el teatro de que nos vamos y él se queda, así aún le dará tiempo para pensárselo y reaccionar. Si nos sobran ¡qué felicidad sentarse y leer con ellos o hablar tranquilamente algo antes de salir, es una buena “infusión” de tranquilidad antes de salir al ajetreo diario! No es lo mismo salir tranquilos que estresados ya desde inicio del  día.

  - Si son mayores (a partir de primero de primaria), podemos ponerles además alguna tarea de colaboración en la casa. No está mal que piensen que la casa es de todos y la hemos de dejar adecentada un mínimo. Es un buen criterio para  toda su vida. Aunque parezca mentira, correrán más. Cuanto más tiempo tenemos, más tiempo perdemos.

 - Cuando un niño no quiere poner de su parte, sufrimos todos. Si conseguimos que los niños quieran, siempre nos sobrará tiempo. Ciertos juegos pueden hacer que los niños quieran y estén muy motivados. Por ejemplo, dibujar el juego de la oca con ellos y colgarlo en la pared de la habitación. Si se levantan y visten en menos de  5 minutos (adaptarlo según el niño), tirarán el dado dos veces. Si tardan más, sólo tirarán una vez (siempre tiran, por tanto, el juego avanza siempre, pase lo que pase. Esto es importante, porque si en un juego no pasa nada, al final aburre). Si son dos hermanos y hay competición, aún es más emocionante.

Otro juego motivación:

Les podemos proponer a nuestros hijos  un reto: levantarse a la hora para salir a la hora exacta para llegar al cole. Es un reto familiar, que todos estén en la puerta a las X: X minutos para el despegue del cohete. Puede haber un encargado de anunciar la cuenta atrás. Avisará  a los 10 minutos antes de salir, diciendo: ¡10 MINUTOS PARA EL DESPEGUE! De nuevo avisará a los 5 minutos antes de la salida, diciendo: ¡5 MINUTOS PARA EL DESPEGUE! ¡ALERTA AMARILLA! (revisión de neceseres, mochilas, almuerzos…)
Finalmente dirá: ¡ALERTA ROJA: 1 MINUTO PARA EL DESPEGUE!   (ponerse abrigos, coger mochilas…) Y cuando queden 10 segundos empezará la cuenta atrás: 10, 9, 8… aquí el padre o madre tiene que ir abriendo cerrojos para que al decir “¡CERO! el cohete no tumbe la puerta.


ORGANIZACIÓN DEL TIEMPO:

A pesar de que el ritmo de vida que llevamos nos deja muy poco tiempo para estar con los niños resulta que no sabemos qué hacer con ellos cuando lo tenemos.  Cuando están desocupados y se aburren, acaban empleando el ingenio y la energía en molestar y procurar guerras a todos los de casa o bien  abusando de ordenador, maquinitas, televisión…

Con los hijos es mejor ir por delante, proponiendo y llevando una dirección,  que por detrás, reprochando o enmendando todos los errores o destrozos. Merece la pena invertir algo de tiempo en planificar; en el fondo, ganamos tiempo y nos ganamos a los niños.

Igual que los maestros no empiezan el curso sin una idea clara de lo que van a hacer ese año, sin una programación precisa de contenidos y actividades, nosotros, padres y madres, tampoco deberíamos empezar sin planificarnos. La organización es una de las claves del funcionamiento de las instituciones y empresas. El hogar es una pequeña institución.

Una manera de organizarse es confeccionar un horario. El horario en nuestra vida vendría  a ser  como el menú en la dieta. Cuando se piensa un menú, se estudia cómo distribuir los alimentos de manera que nos aporten de manera equilibrada todos los nutrientes que se necesitan. También  nos libra de antojos o caprichos y nos anima a comer ciertas comidas, que de no ser programadas, no tomaríamos nunca. Del mismo modo si pensamos un horario garantizamos un equilibrio en nuestras actividades, sin estar tan sujetos a las ganas o a olvidos.

Si empezamos con un horario para los días de cole, nos parece muy conveniente marcar:
  1. Una hora de acostarse y levantarse.
  2. Tiempo de colaboración en el hogar, con pequeños servicios.
  3. Tiempo de estudio.
  4. Tiempo de juego. También nosotros con ellos, aunque sean diez minutos. Esto une mucho y se crea un ambiente de confianza. Procurar también un diálogo personal con cada hijo.
  5. Tiempo de extras. No nos referimos a las actividades extraescolares, sino a unas actividades especiales en casa, por ejemplo, un taller de cocina,  un rato de manualidades, un rato de pintar letreros o inventar juegos que nos ayuden en nuestros propósitos… Indudablemente no pueden ser a diario, pero sí podemos encontrar un hueco a la semana para ir haciendo algo de esto. Por supuesto los fines de semana sí podemos encontrar huecos.

Una consecuencia positiva de llevar un horario es que se acostumbran  a un estilo de vida activo  y ordenado. Se evitan las largas tardes ociosas donde el sofá, los juegos de ordenador, el mal uso del móvil… vayan anulando las muchas capacidades que tienen. 

martes, 4 de febrero de 2014

EDUCAR CON CUENTOS: LA OBEDIENCIA



Siguiendo la metodología descrita en PROGRAMA DE EDUCACIÓN EN VALORES A TRAVÉS DE CUENTOS os proponemos el tema de la obediencia.

Todos sabemos que cada miembro de la sociedad tiene unas obligaciones y unos derechos. De los derechos no hay mucho que hablar, los tenemos clarísimos y los defendemos. En cuanto a las obligaciones habría más debate, pues impera en nosotros la ley del mínimo esfuerzo y nos es más difícil dar que recibir.

Aunque lo ideal sería que cada uno cumpliera con responsabilidad estas obligaciones, sabemos que de hecho, no es así. Es necesario poner unas normas y leyes que nos "obliguen" a cumplir  esas obligaciones, que ayuden a nuestra falta de voluntad. Obligaciones que en el fondo aceptamos y comprendemos necesarias. Por ello ha de haber unas personas que aseguren su cumplimiento; estas personas, se dice que tienen autoridad sobre nosotros. Resumiendo, se trataría de cooperar libremente en el cumplimiento de mis obligaciones, guiados o dirigidos por unas personas que tienen potestad para hacerlo. Así, más o menos, podríamos definir la obediencia.

Importa mucho trabajar este valor en los niños. Hemos de tener el arte de ganarnos su confianza, ganarnos la autoridad. Conviene educar esta disposición a aceptar lo que hay que hacer (obedecer), por la razón de que es bueno y conveniente, independientemente de si apetece o no. Para ello hemos de hacerles ver el lado positivo de las cosas, hacerles gustar del beneficio de los buenos valores y acostumbrarles a que se guíen por ello (nosotros también, claro). Como veis,  aquí las ganas no pintan nada. A este respecto se nos viene a la cabeza una anécdota que nos contaba un padre. Su hijo no quería sentarse a estudiar y  no hacía más que protestar y decir que no tenía ganas. El padre, después de mirar un momento la mochila dijo con resolución: - ¡Estás de suerte, hijo! Menos mal que  has traído todo lo necesario: libros, cuadernos, estuche... y aquí en casa hay mesa, silla, luz... ¡perfecto!  Las ganas en realidad no hacen falta para hacer los deberes, puedes empezar tranquilo.

Ante sus lloros y protestas, no ceder. Consentir es enseñarles que todo es relativo y vale cualquier cosa. Si se acostumbran a eso ¿quién podrá asegurar que ese criterio no les guíe también en su adolescencia y juventud y acepten como válida la opción más descabellada y egoísta?

La autoridad es necesaria. ¿Verdad que no nos cuestionamos que en el colegio haya autoridad? Imaginemos que ocurriría si cuando un profesor mandara los deberes y los chicos empezaran a protestar, éste dudara y dijera: - bueno, vale, no los hagáis... O si el horario marca lengua, y  un niño dijera que no tiene ganas de lengua que mejor mates, que le gusta más... y el profe dijera:
 - bueno, pues vale, hagamos mates...
¡¡Estaríamos perdidos!!
Pues igual de perdidos  estaremos  si en casa  nos falta esa autoridad. La autoridad, bien usada, es fuente de orden y bienestar.

Aunque no se pueda asegurar una obediencia instantánea y con buena cara, sí que existen pautas para que los niños se acostumbren a que se hace lo que dicen los padres y no lo que decidan ellos. Nos encontramos ante una época en que nos hemos acostumbrado a que los hijos tengan que estar de acuerdo con lo mandado. Y no es preciso que sea así; indudablemente mejor si lo están, pero hacemos muy bien cuando les mandamos lo más formativo para ellos, aunque no les guste. Si no pensemos: ¿dudamos de mandarlos al colegio, aunque lloren? ¿dudamos de vacunarlos aunque ellos no quieran?

Nuestros hijos, como cualquier cachorro de la naturaleza, necesitan que se les cuide hasta la madurez  ¡hay tantos peligros! Lo que ocurre es que el hombre, como ser racional, necesita madurar también su razón para ser  capaz de razonar, escoger, decidir…del modo más conveniente;  de ahí que la mayoría de edad venga unos años después de la madurez física.

 Los padres tenemos la responsabilidad de su formación y por ello el deber de tomar las decisiones que creamos mejores para ellos. Se habla del Síndrome del Emperador, niños que se creen con derecho a decidir y mandar…y así deciden, de hecho, el lugar de vacaciones, a qué hora se acaba una visita, a qué hora se acuestan, o qué canal se ve en casa. Además, los niños sólo piensan en jugar, no tienen la capacidad de imaginarse su porvenir por eso siempre tiran a lo más fácil y cómodo. Ahí estamos nosotros para avisarles de ese espejismo engañoso. ¿Cómo vamos a dejar en manos de un inmaduro ciertas decisiones, que a menudo afectan a su vida, presente o futura e incluso a toda la familia? Nosotros hemos de darles los criterios, la firmeza y seguridad que a ellos les falta.

Que tengamos que mandar y decidir no quiere decir, ni muchísimo menos, que seamos dictadores; ni tampoco que se pueda hacer de cualquier manera. Este es un gran peligro que corremos los padres. No se puede, ni de lejos, abusar de la autoridad. Hay que orientar siempre dialogando, razonando, sin enfados ni gritos. Toda persona, también los niños, merecen todo el respeto.

La educación no se ha de imponer de una manera gravosa, aburrida, machacona y cansina. La verdadera educación ha de ser capaz de penetrar, sin violencia y con profundo respeto, en ese punto secreto de cada persona donde se activan de una forma totalmente libre los mejores recursos de la personalidad de los hijos.

ALGUNAS PAUTAS PARA FACILITARLES LA OBEDIENCIA:

·      No preguntarles tanto.
No quiere decirse que no se pueda hacer, pero ¡cuidado! Si les preguntamos por costumbre, crecerán con la certeza de que son los que tienen la última palabra en todas sus cosas y el derecho a que nosotros se lo proporcionemos. ¡Qué peligro! Preguntas como:
-¿qué quieres para merendar?
-¿nos vamos ya?
-¿no te pones a hacer los deberes aún?
Podrían cambiarse por:
-Toma la merienda, hoy toca jamón ¡ñam!
-Cariño, es hora de marchar.¡Vamos!
-Ya ha llegado la hora de hacer los deberes
Que se acostumbren a obedecer. No importa que se quejen (¡a quién no se le escapa una queja ante una tarea que nos disgusta o un contratiempo!) Démosles un margen para desahogarse, con el tiempo irá a menos. Se quejan porque no les gusta lo mandado, pero no siempre quieren decir con eso que no están dispuestos a hacerlo, sino ¡caray!¡qué rollo! ¿no? No cedáis ante sus lloros y gritos, que a veces parece que los estén matando ¡que exagerados! ¿verdad? Si nos conocen, aunque se quejen, en su interior bien saben que aquello hay que hacerlo. De nuestra firmeza depende el éxito de aprender a obedecer, si cedemos ya habrán aprendido que con ponerse pesados, super pesados o archirrequetesuper pesados lo conseguirán.

·      No jugar al ping- pong.
Por ejemplo:
-Recoge los juguetes.
-No.
-Si.
-Que no.
-Que te he dicho que recojas los juguetes.
-No quiero.
-Oye, ¿cómo tengo que decirte las cosas? Recoge los juguetes ahora mismo.
No les devolvamos la pelota, si no, la volveremos a recibir. Además, les enseñamos a contestar. Realmente, nuestra autoridad, nuestro sí, vale porque somos sus padres, no porque lo digamos más veces, más fuerte o los últimos. Se han de acostumbrar a que las cosas se mandan una sola vez y basta.

·      Ponerles límites.
Si vemos una tendencia clara de que cuando hablamos y damos una orden somos ignorados, no debemos permitirlo. Si no podemos con ellos ahora, ¿qué será después ? En todos los colectivos hay unas normas y debemos saberlas cumplir. ¿Os imagináis un colegio, o un país donde no se respetara la autoridad y cada uno hiciera lo que quisiera? Sería un caos.
Por eso es tan positivo educarles en el cumplimiento de las normas, valorando que es necesario para que los grupos funcionen bien. Con suavidad, pero con determinación y firmeza podemos recordárselo, p.ej: “¿no dijimos que ordenarías la habitación? Bueno, no te preocupes, aún tienes tiempo antes de salir a la calle … “ y tener nosotros muy claro que éste es el orden correcto y no se puede invertir, es decir, primero se trabaja y luego se descansa (sino han trabajado ¿de que van a descansar?) y nunca ceder por aburrimiento. Esto es poner un límite.


JUEGO MOTIVACIÓN:
Como les gustan mucho las aventuras podríamos tener como una gran senda, que lleve a Barbarroja a un tesoro. Para llegar al tesoro debemos ir dando pasitos de “obediencia”, cada logro, una huella.
Los padres pueden pensar en qué momento conviene reforzar la obediencia: si para ponerse a los deberes pronto, o para acostarse o levantarse, o para estar puntuales a la hora de salir al cole... o en varios momentos. No se trata de agobiar, pero por lo menos que haya avance en algún punto concreto. Según sean los niños de dóciles o no, pueden ser suficientes dos o tres puntos fuertes, o si se puede y les gusta, más.


Al llegar al cofre, podemos entregarles el mapa de un tesoro. El tesoro puede estar escondido en la casa; si es la hora de la merienda, puede estar en el congelador y ser un helado u otra merienda especial, también puede ser una carta donde le digamos lo que le queremos y que les ha tocado que los papas jueguen con él al lobo (pero tirándose por el suelo y todo ¿eh?) u otra cualquier cosa que queráis imaginar.
Los juegos de motivación conviene que los mantengáis vivos durante todo el mes. Es tarea de los padres. A veces se aburren, pero vosotros seguís constantes, como si nada y al cabo de un tiempo, cuando se ven avanzados, vuelven a entusiasmarse. Acabarlos siempre, pues si no, les enseñamos la inconstancia y de alguna manera, que los consideramos unos imposibles y que nos damos por vencidos.
Ahora os presentamos las historias, una para cada semana del mes, para que podáis recordar el tema de la obediencia, repasar como va, y reavivar el propósito de forma atractiva para ellos.

PRIMERA HISTORIA: "OBEDIENCIA PRONTA"
Había una vez tres mariposas que eran amigas: Violeta, Rosa y Amapola. Violeta vivía en una violeta, por eso se llamaba así. Rosa vivía en una preciosa y olorosa rosa, y Amapola, como podéis imaginar, vivía en una amapola silvestre.
Las tres iban al colegio todos los días, aprendían mucho y se lo pasaban muy bien. Violeta tenía una virtud que las otras dos mariposas no tenían mucho, se trataba de la obediencia.
Por ejemplo os voy a contar lo que les pasó un día. Por la mañana la profesora Susú, les mandó sentarse a trabajar una ficha. Violeta, como siempre, obedeció a la primera y se puso a trabajar con esmero. Sin embargo, Rosa y Amapola, se entretuvieron hablando y empezaron mucho más tarde. De esta manera cuando llegó la hora de ir al recreo, Violeta salió de las primeras y sus dos amigas tuvieron que quedarse a terminar el trabajo. Cuando al fin lo terminaron y salieron al patio, apenas les quedaban tres minutos. Además vieron a Violeta y dos más que tenían unos globos tremendos.
– ¿De dónde los habéis sacado? – preguntaron Rosa y Amapola.
– Nos los ha dado el conserje –dijo Violeta- porque nos ha pedido ayuda un momentito al principio del recreo.
– ¡Vaya suerte!- Si hubiéramos acabado nosotras a tiempo hubiéramos estado en el patio cuando el conserje pidió el favor.
Al cabo de un rato vuelven a clase, y la profesora manda recoger unas construcciones. Violeta obedece pronto, junto con otras mariposas, por ello reciben la felicitación.
Pero lo bueno pasó por la tarde. La profesora los lleva de excursión al campo, porque es primavera y los campos están llenos de flores
– ¡Disfrutad del día, chicos! – dice la profesora, pero venid en cuanto os llame.
Todos vuelan felices, ¡es maravilloso! Juegan, se persiguen, descubren flores nuevas. Violeta, Rosa y Amapola juegan contentas. Descubren una extraña flor y quieren verla de cerca. Vuelan hacia allí curiosas. De pronto se oye a la profesora:
– ¡Violeta, Rosa, Amapola! ¡¡Venid!!
Violeta, como siempre, obedece a la primera, y por ello... ¡Se salva de una tremenda telaraña, donde quedan atrapadas Rosa y Amapola! La profesora les quiso avisar, pero como ellas continuaron su vuelo sin obedecer… Muertas de miedo se ponen a llorar.
Todos corren a ayudarles y la profesora les salva con unas tijeras. Desde entonces prometen ser OBEDIENTES A LA PRIMERA. Han aprendido la lección.

HISTORIA SEGUNDA SEMANA: "OBEDIENCIA ALEGRE"

Pablo era un chico muy protestón. Obedecía... pero poniendo siempre pegas. La verdad es que era aburrido escucharle.
Ya por la mañana se levantaba, pero quejándose de que no quería ir al colegio, que estaba cansado. Después se quejaba de la ropa: quería el chándal azul, y además los calcetines siempre le molestaban. A continuación si le mandaban venir a desayunar se quejaba de la leche. Y finalmente se quejaba cuando le mandaban hacer la cama antes de ir al colegio.
En el colegio, parecido. Con la profesora no se atrevía tanto, porque le daba vergüenza, pero con los amigos sí. Cuando proponían un juego siempre tenía que quejarse de que ¡vaya rollazo! Si le decían de portero, no quería, si le decían que delantero se quejaba del otro compañero: ¡Con fulanito, no! Con el tiempo iba perdiendo amigos, porque, era muy cansado escucharle. Y así. Hacía las cosas, pero siempre de mal humor, mal humor para los deberes, para las tareas de la casa, para cualquier obligación...
Un día vino a casa su primo Miguel. Tenía que quedarse una semana en casa, porque sus padres habían de hacer un viaje importante. ¡Qué suerte! Eran muy amigos, sería superdivertido. Miguel era un chico alegre y voluntarioso. Nunca parecía de mal humor. Iban pasando los días, y Pablo notaba que esa semana era especialmente agradable, no se daba cuenta de que no le costaba tanto hacer las cosas.
Cuando llegó el tiempo de marchar Miguel, Pablo se le sinceró :
– ¡Todos los días hemos hecho los deberes muy bien y casi no me han costado! ¿Por qué será?
Miguel le contestó:
– ¿sabes? Conviene obedecer con alegría. Así todo se hace más llevadero. Sigue mi consejo, Pablo y di siempre VALE cuando te mande algo tu madre ¿vale?
– Vale– dijo riendo Pablo.
– Haz la prueba en serio esta semana y verás-.
Así fue como Pablo, acordándose del buen consejo de su primo se esmeró en obedecer diciendo “SÍ”, y callando las pegas esa semana. Se dio cuenta de lo contento que estaba. Contentos sus padres, sus amigos, sus profesores y sobre todo él, muy contento. ¡Qué sencillo era, y no se había dado cuenta!

HISTORIA TERCERA SEMANA: "OBEDIENCIA CON RESPETO A PADRES Y SUPERIORES"
John era un chico de trece años, que todos los veranos iba de acampada. Su sueño era llegar a ser monitor. Su primo Dick ya lo iba a ser ese año, tenía 14 años. Era de los chicos que más jóvenes iban a ser monitor. ¡Qué orgullo! Cuando le veía lucir el pañuelo de diferente color que los acampados, no podía evitar un pequeño sentimiento de envidia. “¡Quizás el año que viene yo también sea!. A fin de cuentas he superado ya la mayoría de las pruebas, sólo me queda la de la noche de supervivencia, que la haré este año. ¡Qué emocionante que le dejen en el bosque una noche solo, y saber sobrevivir, haciendo tu propia tienda de campaña, encender fuego. Un poco de miedo he de pasar, pero ¡bah! Una noche se pasa pronto, y ya seré todo un montañero!” – pensaba.
Con estos ánimos empezó la acampada. Su primo Dick tomó su cargo con mucha responsabilidad. Y a John le tocó un grupo majo. Se sentía algo superior a los demás del equipo, a fin de cuentas, él era el mayor, aunque fuera por unos meses, y sobre todo porque ya tenía todos los méritos logrados, salvo el de la noche de supervivencia.
John, además tenía un feo defecto, también en casa sus padres se lo reprochaban: contestaba mucho cuando le mandaban algo, faltando incluso al respeto. Así, cuando el jefe de la patrulla mandaba un servicio que no era de su agrado, no se cortaba al responderle:
– Ala, jefe, eso lo harás tú, que yo no tengo ganas
O cuando era hora de dormir,
– Déjanos un poco más, pesado, que estamos contando chistes.
Ni que decir si había que acabar un juego:
– De qué vas jefe, ¿cómo vamos a dejar el partido?
Cuando el monitor planeaba una búsqueda en un juego de espionaje:
– Vamos, chicos por aquí – decía.
– ¡Hei! No iros por ahí, chalaos – no tardaba en responder John.
Así era su forma habitual de contestar: faltaba al respeto con mucha frecuencia.
Llegó el día de la prueba de la supervivencia y la superó con garbo, aunque daba respeto dormir solo en la profundidad del bosque. John era valiente y se alentaba con la ilusión de ser jefe al año siguiente. ¡Ya tenía todos los méritos logrados!
Mira por donde, un jefe de patrulla cayó enfermo y se corrió la voz de que pondrían en su lugar a un acampado adelantado. Su corazón se llenó de gozo. ¡él era el acampado ideal! ¡el mayor y con todos los méritos! Pero... ¡cuál fue su desilusión cuando vio que el escogido era un compañero de tienda que aún no tenía todas las pruebas y de edad ligeramente menor, pero que era modelo de obedecer y no faltar nunca al respeto a los superiores!

HISTORIA CUARTA SEMANA: "OBEDIENCIA, INCLUSO CUANDO NADIE TE VEA"
Sara era una niña muy amiga de Marta. Sus madres se conocían también mucho, por eso, cuando tenía una visita de médico sabía que podía dejar, con total confianza, a su hija en la casa de la amiga. Estaría bien cuidada.
Por eso, esa tarde, Sara iba a ir a casa de su amiga Marta. ¡Qué ilusión le hacía! Como era sábado no había mucha urgencia de deberes, pero de todos modos, se llevó un libro, por si acaso.
Después de los saludos alegres del principio, la madre de Sara se marchó y ellas se pusieron a jugar.
Pero mira por donde una llamada telefónica cambió el rumbo de la tarde. La madre de Marta, después de colgar el teléfono, se acercó a las niñas y les dijo:
– Marta, cariño, el abuelo ha llamado que la abuela se encuentra mal. Como sé que os vais a portar bien, me marcho a ver que necesitan, me ha parecido preocupado ¿vale?
– Vale mamá, no te preocupes.
La madre se fue y ellas siguieron jugando. Al cabo de un rato, Marta vio que era la hora de merendar. Fueron a la cocina, prepararon unos vasos de leche y unas galletas. Después Sara vio con sorpresa como Marta recogía las cosas y fregaba los vasos. Tampoco se olvidó de pasar la gamuza por la mesa y acercar las sillas a su sitio.
Pero lo bueno fue cuando Marta invitó a Sara a hacer deberes.
– Es la hora de los deberes, ¿hacemos un ratito?
– Pero ¡cómo, si hoy es sábado! Además, no está tu madre, podemos hacer lo que queramos.
– Es que yo quiero obedecer a mamá, antes de que tú vinieras ya habíamos pensado qué haríamos: jugar, merendar, deberes y luego jugar otra vez.
– Bueno – dijo Sara sorprendida al ver la seguridad de su amiga.
Dicho y hecho. Se pusieron a estudiar un buen rato. ¡Y lo que les cundió! Porque cada vez que Sara hablaba de alguna ocurrencia fuera de los deberes, Marta sonreía y le decía:
– No nos despistemos, y acabaremos antes ¿vale?
Al llegar el tiempo marcado guardaron todos los lápices y cuadernos y se pusieron a jugar. Sara estaba sorprendida de lo satisfecha que se sentía, de tal modo, que no pudiendo contener la alegría comentó a su amiga:
– ¿Sabes que estoy muy contenta de estar esta tarde contigo? He estudiado y estoy contenta y ahora el juego me sabe mejor. Yo en casa, si no me ve mi madre, me escapo, pero tú no...

– Ya, pero en el fondo sabes que lo que te piden ellos es lo mejor para nosotras y en realidad es lo que nosotras queremos tambien, por tanto ... hagámoslo, estén ellos o no.